Concierto Extraordinario de la Orquesta Metropolitana de Madrid

Los ganadores del Certamen Nacional Intercentros, dirigidos por Silvia Sanz Torre, asombran al público en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional

No hay nada mejor que hacer un recorrido por las redes sociales para conocer la opinión del público y las sensaciones de los intérpretes al término de un concierto. Las sensaciones de los músicos, positivas; y la opinión del público, también. Aunque para esto no hace falta navegar por las redes, basta con sentir el calor de los aplausos. Porque hay aplausos de muchos tipos: unos suenan fríos y otros cálidos y entusiastas. Y estos últimos fueron los que se escucharon el pasado 14 de febrero, día de San Valentín, en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. 

Concierto de Cámara Orquesta Metropolitana de Madrid 

Dos románticas serenatas (Elgar y Tchaikovsky) para orquesta de cuerdas y dos conciertos (Concierto para guitarra nº 1 de Giuliani y el Concierto para marimba de Séjourné) integraban este programa en la Sala de Cámara del Auditorio que nos ofreció un recorrido musical desde el clasicismo a la música contemporánea. 

Concierto de Cámara Silvia Sanz

 

 

Sensaciones positivas

Si hemos de recoger sensaciones, podemos empezar por las de la propia directora de la Metropolitana, Silvia Sanz Torre: “Maravilloso concierto de la Orquesta Metropolitana de Madrid ayer en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. 23 músicos de cuerda capaces de tocar con la delicadeza de un solista y la potencia de una orquesta sinfónica. Y dos solistas de lujo con una profesionalidad increíble para su juventud”.

Las cuerdas de la Orquesta Metropolitana tenían muchas ganas de tocar en la Sala de Cámara. Un concierto de este tipo, en pequeño formato, es siempre un sano y necesario ejercicio orquestal y una oportunidad de disfrutar haciendo excelente música. Para el concierto se seleccionaron dos conocidas serenatas para cuerdas, como la de Elgar, compuesta en 1892 a partir de una obra de juventud; y la de Tchaikovsky, compuesta en 1880. Una de ellas abrió el concierto y la otra lo cerró y ambas permitieron que el público disfrutara de las posibilidades tímbricas de las distintas secciones de la cuerda desde la más aguda, a la más grave. 

 

Jóvenes Solistas

Entre una y otra serenata, pudimos escuchar dos conciertos para instrumento solista y orquesta de cuerdas compuestos por músicos de épocas muy diferentes (clásico y contemporáneo). Los solistas eran dos jóvenes ganadores del Certamen Nacional Intercentros Melómano Grado Profesional: Sara Guerrero (guitarra) y el percusionista Kike Labián (marimba) que interpretaron respectivamente dos obras menos conocidas que las de Elgar y Tchaikovsy, pero que merece la pena escuchar: El Concierto para guitarra nº 1 en La Mayor de Giuliani y el Concierto para marimba y cuerdas de Séjourmé.

No son muy frecuentes los conciertos para guitarra en las salas de conciertos, aparte de los compuestos por Joaquín Rodrigo y otros autores actuales, así que escuchar un concierto de guitarra clásica del italiano Mauro Giuliani (autor de 150 obras para este instrumento), que fue coetáneo de Beethoven, fue un descubrimiento para la mayoría de los asistentes. Tampoco son frecuentes los conciertos de marimba como el que nos ofreció Kike Labián descubriéndonos así a un autor del siglo XXI, muy reconocido entre los percusionistas pero desconocido para el gran público: Emmanuel Séjourné. 

 

Músicos que disfrutan 

De los dos jóvenes solistas, podrían comentarse muchas cosas: su musicalidad, su profesionalidad, su concentración, su expresividad… Pero a quien redacta esta crónica le gustaría destacar otra cualidad: su alegría antes, durante y después del concierto. Son felices con la música y lo transmiten. Han competido en muchos concursos, han ganado muchos premios y han tocado ya mucho ante el público, pero presentarse en el Auditorio Nacional y junto a una orquesta era una ocasión especial y estaban dispuestos a disfrutarlo al máximo y afrontaron el reto con mucha alegría e ilusión, convencidos de que iban a hacerlo bien.

 

 Concierto de camara Sara Guerrero

La elegancia de la guitarra clásica 

Sara Guerrero estaba rebosante unos minutos antes de salir al escenario y decía que tenía unas enormes ganas de empezar. Y allí la vimos, al poco, con su vestido rojo y la guitarra en el regazo como si fueran ambas parte de un solo cuerpo. Dice Sara en su perfil de Twitter que “La 8º maravilla del mundo está entre 6 cuerdas”  y debe ser por eso que se la ve feliz en cuanto la música empieza a sonar. La orquesta es la primera en tomar la palabra en el concierto de Giuliani y la entrada de la guitarra se hace esperar varios minutos, pero Sara estaba en cada nota de Giuliani desde el principio con una alegre sonrisa en la cara que la acompañó hasta el último momento. Era un concierto de estructura clásica  que reserva para la guitarra una escritura virtuosa con rápidas escalas y arpegios. Los dedos debían volar precisos y veloces sobre el mástil y al mismo expresar el lenguaje elegante de Giuliani. Meta conseguida. La propia Sara nos describía sus sensaciones ante la obra de Giuliani en una entrevista realizada días antes del concierto: “Me encanta la sensación de volar con los dedos sobre las cuerdas, las frases tan bien construidas y sobre todo las cadencias ad libitum entre los apoteósicos tuttis de la orquesta”. Fueron muchos los aplausos para la guitarrista que obsequió al público con la interpretación en solitario de una emocionante y apasionada Sevilla de Albéniz, en la que la guitarrista puso de manifiesto toda su fuerza expresiva.

 

Séjourné seductorConcierto de Cámara Kike Labián

A Kike Labián le correspondió abrir la 2º parte con el Concierto para marimba y cuerdas de Séjourné. Vestido de negro, concentrado, de pie ante ese enorme instrumento que mide  cerca de tres metros, irradiaba alegría y seguridad. No solo tocó magistralmente esta obra del francés Emmanuel Séjourné, que lo mismo nos hacía flotar que nos devolvía a la tierra sorprendiéndonos en algunos momentos con ritmos y acordes cercanos al flamenco, sino que nos enseñó que la marimba puede ser sugerente y delicada. Él mismo lo contaba en una entrevista: “Es un instrumento enorme, con miles de posibilidades y muchísimas sonoridades diferentes. Además, esa sensación de moverte con ella como si fueses un bailarín me encanta”. Y es verdad. Hay momentos en que el cuerpo ha de abarcar todo el instrumento. Entonces veíamos sus pies cada vez más separados, avanzando cada uno de ellos en sentido opuesto en una posición que casi parecía imposible de mantener,  los brazos extendidos con sus dos baquetas en cada mano sobre las láminas de ambos extremos, y el tronco en la torsión necesaria para que las cuatro baquetas golpeen donde deben. ¿Cómo es posible? Este aspecto también nos lo explicó Kike antes del concierto: “La visión periférica que tienes que tener para controlar dónde golpean cada una de las cuatro baquetas. Tienes que desarrollar una memoria muscular y postural increíble”.  Resultaba asombroso contemplar la seguridad de Kike Labián y escuchar todas las posibilidades sonoras de la marimba en este concierto de Séjourné muy bien acompañado por la Orquesta Metropolitana de Madrid.

  

Dia Internacional del cancer Infantil

Y aún quedaba Tchaikovsky

 A la orquesta correspondió cerrar el concierto con toda la pasión y romanticismo de la música de Tchaikovsky en una serenata en cuyo primer movimiento el músico ruso rendía homenaje a su admirado Mozart y al que siguió el conocido vals con el que la Metropolitana y la batuta de Silvia Sanz nos llevaron a un mundo de ensueño. La Metropolitana lo dio todo en Tchaikovsky. Los aplausos fueron calurosos y la directora se despidió del público recordando la celebración del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil. A los niños que luchan contra esta enfermedad así como a los familiares, asociaciones y fundaciones que apoyan esta causa, dedicó Silvia Sanz el bis con que se despidió del público. Un pequeño lazo rosa brilló en los trajes y vestidos negros de los músicos de la Metropolitana y su directora que nos dijeron adiós con el Playful pizzicato de la Simple Symphony de Benjamin Britten.