Noche de brujas, espíritus y misterio, un concierto de escalofrío pero feliz

El Grupo Concertante Talía inaugura la temporada con lleno absoluto

Final feliz para ese concierto dedicado al misterio, las brujas y los seres fantásticos con que la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía, junto a su directora titular Silvia Sanz, inauguraron la temporada de abono 2015-2016 en la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música. Agotada hasta la última localidad, 2.300 personas disfrutaron de un programa que reunía destacadas obras de la música clásica y del cine y cuya temática estaba ligada a la fecha del concierto, 31 de octubre, esa noche de Halloween tan extendida en nuestro país, víspera además de nuestra tradicional festividad de Todos los Santos y del Día de los Difuntos.  

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Noche de brujas, espíritus y misterio no era un concierto destinado exclusivamente al terror. Entre las bandas sonoras las había de distintos géneros; y entre la música clásica, composiciones para obras de teatro o poemas sinfónicos. Fue como una reunión nocturna al calor del hogar en una noche de tormenta, cuando se cuentan esas historias que nos llenan de inquietud, que remueven nuestros miedos y nos quitan el sueño, asuntos del más allá o del más acá que, al fin y al cabo, son parte de nuestra propia existencia.

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“Ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran”

El programa de mano incluía una guía para seguir el concierto con una cita literaria ligada a una situación inquietante, a un estado de ánimo, a la magia o a la fantasía (El monte de las ánimas de Bécquer, Macbeth de Shakespeare, La divina comedia de Dante, Apocalipsis de San Juan, La vida es sueño de Calderón de la Barca…) que abrían el paso a cada obra musical. Si uno miraba el escenario, descubría telarañas, crespones negros, fantasmas, murciélagos, calabazas… Coro, orquesta y directora parecían dispuestos a comenzar y entonces… la luz se desvaneció y se hizo de noche en la sala. De los contrabajos  escapó un sonido oscuro, plano, infinito. Sonaron las campanas y unas figuras oscuras ocultas bajo negras capas encabezadas por un encapuchado de rojo penetraron por los pasillos del patio de butacas alumbrados por la tenue luz de unas velas mientras desde el coro fluía un “Dies irae”, la melodía gregoriana que describe el Juicio Final.  El canto medieval enlazó directamente con la primera obra del programa, “Obscuro”, compuesta por Alejandro Vivas para la película La conjura de El Escorial, una música enigmática asociada a la noche, a la traición y la muerte.

“Ya que al cabo el viejo brujo abandona su guarida”

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A continuación la Orquesta Metropolitana bajo la batuta de Silvia Sanz afrontó una popular, aunque muy compleja página orquestal, El aprendiz de brujo de Paul Dukas, con momentos expuestos para los músicos, entre los que destacó la labor de los fagotes con el tema que daba vida a la escoba o el solo final de viola (Irene Labrado) que representa el lamento del imprudente aprendiz. Basado en una obra de Goethe, este poema sinfónico tiene tal capacidad descriptiva que es fácil distinguir las palabras mágicas, los primeros movimientos de la escoba, cómo las escobas se multiplican sin dejar de llevar agua y cómo está a punto de producirse el desastre hasta que el mago regresa. Y entonces… parte del público rompió a aplaudir cuando todavía quedaban bastantes compases a la obra. Aún tenían que retirarse las escobas, reinstaurarse el orden y arrepentirse el aprendiz por su desobediencia. Unos segundos de interrupción y la historia pudo alcanzar su desenlace. Había mucha gente que por primera vez entraba en una sala de conciertos y ojalá vuelvan. Lo importante es que estaban disfrutando y fue su forma de decirlo. Continuaron los conjuros con la música de J. Williams para Harry Potter y la piedra filosofal y el simpático tema “Double, trouble”, cuyo texto procede del diálogo de las brujas en Macbeth de Shakespeare en el momento de preparar una poción.

“El miedo es el camino hacia el lado oscuro”

La siguiente banda sonora fue la creada por D. Elfman para la película Batman con el tema “Descent into mystery”, de atmósfera tan oscura como oscuro es el popular personaje del comic. Harry Potter frente a Voldemort, Batman contra los criminales y en Star Wars… el Lado Oscuro. En definitiva, la lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad está patente en las tres bandas sonoras escogidas para la primera parte del concierto que concluyó con el desgarrador “Duel of the fates” (Duelo de destinos) de La amenaza fantasma, una pieza que sobrecogió desde el principio hasta el final, con la entrada del coro en solitario, el frenético e imparable ritmo de la orquesta y la desgarradora conclusión.

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  “De nuevo intenté gritar y de nuevo fue en vano”

El inquietante vals que compuso Khachaturian para la obra de teatro Masquerade de Lermontov abrió la segunda parte del concierto. La Orquesta Metropolitana brilló en este vals pleno, intenso y que, por ser en tono menor, transmite una sensación extraña. Y esa sensación de inquietud y de movimiento constante, esos giros de la danza a los que casi parecían unirse los músicos, bien podrían asemejarse a los pensamientos obsesivos que no dejan de dar vueltas en nuestra cabeza. Y llegaron las pesadillas y los seres fantásticos con una escena de Peer Gynt de Grieg, música programática para una obra de teatro de Ibsen. Se trataba del fragmento “En la gruta del rey de la Montaña”, cuando Peer trata de huir del ejército de troles del rey tras haber seducido a su hija.  La música comienza sigilosa, como los pasos del protagonista. Pero es descubierto e irrumpe la persecución. Y ahí entró el coro de troles que cantó: “¡Masacradlo, masacradlo!”. Se introdujeron en español las frases habladas de brujas y  troles (miembros del coro y la orquesta) dispuestos a arrancarle los pelos a Peer Gynt, a morderle, a prepararlo en salmuera o guisarlo en la cazuela. Este detalle supuso un factor sorpresa y aportó a la pieza la atmósfera de un cuento tradicional.   

 

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“En verdad que me hallaba justo al borde del valle del abismo” 

Una cita de El infierno (La divina comedia) de Dante dio paso a otra de las grandes piezas orquestales del programa, Una noche en el Monte Pelado de Musorgski, que con tanta genialidad nos cuenta la celebración de un aquelarre en el llamado Monte Pelado y que, después de momentos de gran intensidad, nos lleva a ese hermoso pasaje final, cuando suenan las campanas del pueblo y las luces del alba dispersan a los seres malignos con los dos delicados solos de clarinete (Álvaro Huecas) y flauta (Rocío de Mingo). Aunque los espíritus maléficos no se dispersaron por mucho tiempo pues llegó el momento del “Ave Satani”, tema principal de la banda sonora de J. Goldsmith para la película La profecía y que nos puso realmente los pelos de punta, no solo a los que la escuchaban sino también a los que la interpretaban, sobre todo cuando hizo su entrada el imponente órgano del Auditorio Nacional, ante cuyo teclado se instaló Gabriel López envuelto en una oscura capa que aún hizo más terrorífica la escena. Es una pieza escalofriante desde que comienza hasta que finaliza con pasajes muy agudos para todas las voces en las que destacaron los repetidos sobreagudos de las sopranos.  

“Saber si el verme hoy espanta, que fue mi maestro un sueño”

Y llegamos al final del concierto, al final de los terribles sueños, para constatar que, al despertar, en la vida real, seguimos en manos del destino. Y atronó “O, Fortuna”, del Carmina Burana de Carl Orff, con el ritmo preciso y obstinado que marca la incertidumbre de la vida. La suma de las 110 voces y los 90 músicos de la orquesta cuando se invoca el nombre de la diosa Fortuna y el impresionante lamento final ante sus veleidades puso punto final al programa. 

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“Que nunca tengamos miedo de cumplir nuestros sueños”

Tras los prolongados aplausos, Silvia Sanz Torre, directora del Grupo Concertante Talía y de sus formaciones musicales se dirigió al público: “Esta noche de brujas pasará y mañana será otro día… aunque otro día en manos de un destino que desconocemos. Ese destino que hizo que hace 20 años unos poquitos locos se juntaran para poner en marcha un proyecto que, gracias al esfuerzo de muchos y a la magia de la música, hoy es real. En una noche de misterio, espíritus y seres fantásticos quiero apostar porque todos podamos abandonar tantos miedos que nos rodean pero, sobre todo, que nunca tengamos miedo de cumplir nuestros sueños.” 

Susto final y toque de humor

En toda película de miedo, cuando todo parece haber vuelto a la calma y estamos a punto de levantarnos de las butacas, siempre hay un susto inesperado y en este concierto también. Se encargó de prepararlo Alejandro Vivas, compositor y director artístico del GCT. De nuevo, oscuridad en la sala; unos compases terroríficos mezclados con canciones infantiles; desde el coro, una amenaza inquietante; después un apabullante acorde del órgano y… ¡Sorpresa! Luces arriba y el animado ritmo de Los Cazafantasmas (Ghostbusters) acompañado de las palmas del público.

Y alguna cosa más

 En el hall del Auditorio se instaló un photocall para que el público pudiera hacerse fotos divertidas. Cientos de personas rellenaron las suscripciones a nuestra newsletter y participarán en el sorteo de unas entradas para nuestro concierto del 12 de marzo: Maestro y discípulo: Chaikovski-Taneyev. Y junto al photocall había un libro de firmas por el XX aniversario del GCT. Y en sus páginas se lee: “Mi primera vez y volveré”; “Es la primera vez que siento tanta emoción y magia en mi interior…; “En mi primer concierto, habéis hecho magia”. 

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