Grandes y pequeños llenaron la Sala de Cámara del Auditorio Nacional en el concierto extraordinario de carnaval organizado por el Grupo Concertante Talía

  •   Animado programa de la Orquesta Metropolitana dirigida por Silvia Sanz Torre: Pedro y el lobo de Prokofiev, El carnaval de los animales de Saint-Saëns, y En busca de la llama perdida de Vivas.

  • Con la divertida participación como narradores del presentador Goyo González y del actor Luis Mottola 

Padres e hijos, abuelos y nietos, tíos y sobrinos. Fueron pocos los adultos que no acudieron con niños a la última cita con la Orquesta Metropolitana de Madrid y su directora titular Silvia Sanz Torre el pasado 6 de febrero: un concierto extraordinario de carnaval en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional con los animales como protagonistas: Pedro y el lobo de Prokofiev, El carnaval de los animales de Saint-Saëns y En busca de la llama perdida de A. Vivas. Silvia Sanz dirigió a la Metropolitana en formato pequeño para ofrecer un concierto grande en todos los sentidos: grande por la música y los músicos, grande por el público que llenó la sala y que aplaudió a rabiar, y grande por el buen hacer del presentador de radio y TV Goyo González, narrador en las dos primeras obras, y del actor Luis Mottola en el papel del gaucho Colate en el cuento musical de Vivas. 

Fue un concierto más ruidoso de lo habitual y acostumbrado. Lógico, pues los niños son niños y algunos eran muy pequeños. Pero ya se sabía que no iba a ser tarde de silencio sepulcral. Lo importante es que los pequeños de la casa estaban ahí para escuchar un concierto. Y en la orquesta se sintieron como niños dispuestos a disfrutar en el escenario y detrás del escenario.

 

¿Quién teme al lobo feroz? 

El programa comenzó con Pedro y el lobo, el cuento de un niño que no temía al lobo, una obra compuesta por el compositor ruso S. Prokofiev para incentivar el gusto de los niños por la música. Por eso cada personaje está asignado a un instrumento: Pedro a la orquesta de cuerdas;  el abuelo al fagot (Elena Díaz); el pájaro a la flauta (Francesco Cama); el pato al oboe (Laura Moreno); el gato al clarinete (Antonio García); el lobo a las trompas (Antonio Jareño, Alfonso Quesada y Manuel Azuaga); y los cazadores a los timbales y al bombo (Daniel Alonso, Jerónimo Morales). El cuento precisa de la intervención de un narrador integrado en el discurso musical y que, para este concierto, fue el presentador de radio y televisión Goyo González, que sumó su personal forma de contar a la narración clásica del cuento dando a cada personaje su propia personalidad. Era evidente que disfrutaba con su papel de narrador y que cuando venía el lobo, parecía que venía de verdad. 

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Unos animales muy humanos  

Goyo González fue responsable también de la lectura de los textos que dieron paso a cada uno de los 14 movimientos de El carnaval de los animales de C. Saint-Saëns. Esta obra, que se interpreta mucho en conciertos para público infantil por la capacidad descriptiva de su música, no fue creada pensando en los niños. Saint-Saëns la compuso en unos días de vacaciones para hacerla entre amigos un día de carnaval. Era un divertimento, una broma musical que no permitió (a excepción de “El cisne”) que se tocara en público hasta después de su muerte, pues en ella parodiaba a músicos famosos e incluso su propia música.  

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Sátira y humor  

La sátira y los guiños humorísticos se suceden, lo mismo que en los textos que el escritor y actor francés Francis Blanche (1921-1974) hizo para esta obra y a los que Goyo González dio lectura en una adaptación al castellano. En ellos se introducía cada movimiento y cada animal parecía tener defectos y virtudes muy humanos. La obra se introdujo con un prólogo en verso, elaborado especialmente para este concierto, en el que se explicó rápidamente el carácter de la obra y dio paso a la entrada de la orquesta cuyos integrantes aparecieron en el escenario con máscaras de animales. Es una obra imaginativa y genial en la que Saint-Saëns fue divertido y ocurrente. Requiere la presencia de dos pianos (Isabel Roch y Gabriel López) con un papel muy destacado en la obra, que incluye, además, otros destacados solos instrumentales.

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 De todas las especies

Y así comenzó el desfile animal con la marcha real de un león solemne y presumido, cuyos rugidos escuchamos en los pianos; las gallinas que hablaban sin ton ni son hasta que llegó el vanidoso gallo; o los hemiones que, representados en los dos pianos, compitieron en veloz carrera. Llegó el turno de las tortugas en el que la orquesta de cuerda tocó “a paso de tortuga” el cancán de Orfeo en los infiernos de Offenbach. Entró entonces el peso pesado, “El elefante”, tratando de bailar la “Danza de las sílfides” de La condenación de Fausto de Berlioz. Sus pasos pesados quedaron perfectamente escenificados en el solo del contrabajo (Fernando Calero). Las notas saltarinas de los pianos plasmaron perfectamente a los cangurosmientras que “Acuario” nos permitió imaginar el movimiento de los peces en el agua. Fue impresionante escuchar rebuznar a los violines, pero porque lo hicieron muy bien el movimiento titulado “Personajes de largas orejas”, con el que se cree que Saint-Saëns se refirió a los críticos musicales. El “Cuco en el fondo del bosque” tenía un tinte oscuro y  dramático pues el texto presentaba al cuco como un ave que roba nidos. Los pianos describían el interior misterioso del bosque y el clarinete imitaba el canto del cuco. La flauta (Francesco Cama) imitó después el virtuoso canto de los pájaros en “Aves”.  

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También pianistas y fósiles 

Escuchamos a continuación “Pianistas”, incluidos como animales en esta fantasía zoológica. El compositor quiso imitar el estilo torpe de los principiantes haciendo escalas y así lo hicieron en el concierto Isabel Roch y Gabriel López, que simularon no poder realizar el ejercicio conjuntamente a pesar de la batuta insistente de Silvia Sanz y de los acordes enfadados de la orquesta hasta que al final “se corrigieron” consiguiendo uno de los momentos más divertidos de la pieza. El siguiente movimiento, “Fósiles” es uno de los más conocidos y humorísticos de la obra ya que Saint-Saëns parodió su propia música, la Danza Macabra. El entrechocar de los huesos está representado en el sonido del xilófono que interpretó Jerónimo Morales.   

La elegancia del cisne 

Acto seguido, la violonchelista Lucía García, nos deleitó con su dulce interpretación de “El cisne”, uno de los momentos más tranquilos y delicados de la obra que nos describe a la perfección el sereno y plácido paseo de un cisne por el agua. Y, a continuación, en el alegre final, la música pasó revista a todos los animales y volvimos a escuchar los temas que identifican a cada uno de ellos. Como conclusión, el texto narrado por Goyo González, nos hacía una advertencia, que si nos había llamado la atención la necedad, la torpeza o la osadía de algunos animales, más nos sorprenderíamos si otro día presenciáramos un carnaval de seres humanos. 

En busca de una llama

Cerró el programa el cuento musical En busca de la llama perdida, con texto y música de Alejandro Vivas: una obra ingeniosa, divertida y además pedagógica, en la que escuchamos una sucesión de géneros y danzas latinoamericanos: milonga, malambo (en el que orquesta y directora hicieron el zapateo), tango, carnavalito, danzón, tumbao, samba y choro. El actor Luis Mottola interpretó con muchísimo tino y gracia al protagonista del cuento, el gaucho Colate, que sale en busca de su llama por América del Sur y el Caribe. Su buen hacer como actor y las ocurrencias del texto creado por A. Vivas hicieron reír al público que se animó con la alegría creciente de la sucesión de ritmos latinos.

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Final con accelerando 

La implicación aumentó con el sonido de la samba hasta que todos se lanzaron a acompañar con sus palmas el complicado y veloz choro que ponía punto final al cuento. Los aplausos fueron entusiastas y la obra de Vivas, que pronto aparecerá publicada como audio-libro, fue muy bien recibida. La Metropolitana ofreció como propina el Jazz de los jonsuis, los seres musicales protagonistas de la colección de cuentos Kekeñas Krónikas de Alejandro Vivas, a la que pertenece En busca de la llama perdida. Y con la repetición del choro, acompañado de nuevo por las palmas que habían de seguir el accelerando marcado por Silvia Sanz, terminó el concierto. Todo el mundo disfrutó: los músicos y el público. A la salida, la animación continuó pues muchos pudieron hacerse fotos con el gaucho Colate (Luis Mottola) en el photocall instalado en el hall de la Sala de Cámara. Las imágenes se tomaron ante un croma y cada una de ellas tendrá un fondo diferente. La última sorpresa de este divertido concierto de carnaval. 

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