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PLAYPHONIA: la música sinfónica de videojuegos cautivó al público en el Auditorio Nacional

Con la presencia en la Sala Sinfónica de los compositores Garry Schyman (BioShock), Jon Hillman (That Dragon, Cancer)  y David García Díaz (RiME)

Hace más de un año, el crítico musical David Rodríguez Cerdán, especializado en música audiovisual, proponía a Silvia Sanz Torre un proyecto que la directora del Grupo Talía perseguía desde hacía tiempo: un concierto de música de videojuegos que pusiera en valor las grandes creaciones que está generando este sector. Así nació Playphonia, un proyecto con vocación de continuidad que ha contado con la implicación de los propios compositores que han adaptado su música para su interpretación en vivo por la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía bajo la dirección de Silvia Sanz. El concierto tuvo lugar el pasado 29 de septiembre en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música.

Uno de los objetivos de Playphonia era demostrar que, debido a su elevada calidad, muchas de estas obras podían disfrutarse en concierto prescindiendo de la imagen. Y así fue. La música escapó de las pantallas y el público la disfrutó en un auditorio. El criterio para seleccionar las obras fue primar la calidad por encima de la popularidad y, teniendo en cuenta que los compositores realizaron suites de concierto de sus bandas sonoras especialmente pensadas para esta ocasión, el resultado fue un programa plagado de estrenos: seis de ellos absolutos (RiME, Remember Me, BioShock, Get Even, Than Dragon, Cancer y Everybody’s Gone to the Rapture); y uno nacional (Assassin’s Creed Syndicate).

 

Confluencia de dos mundos

Se trataba también de unir dos mundos diferentes: el del melómano y público habitual de las salas de conciertos y el de los aficionados a los videojuegos. No era fácil. Esa fue la razón de que el público fuera menor del habitual que en otras citas de la Metropolitana. Para muchos que no se habían acercado nunca al mundo de los videojuegos, la primera reacción al hablarles de este programa, era de rechazo inicial, pues lo primero que venía a su cabeza era una sucesión de sonidos electrónicos como la que muchas veces se escucha en un juego del móvil, nada que ver con la estética musical a la que están habituados. En el otro lado, muchos aficionados a los videojuegos solo se animan a acudir a una sala de conciertos si lo que se van a encontrar es un espectáculo audiovisual en el que se compagina la orquesta en vivo con la imagen proyectada.

 

Sinfónica en esencia

No era el caso. Fue un concierto de música sinfónica en el más puro sentido de la palabra, música de gran calidad y belleza: obras de complicados entramados orquestales y efectos tímbricos de todo tipo, algunas de ellas con gran dificultad de ejecución; otras de espíritu camerístico en las que brillaba la personalidad de los diferentes instrumentos en sus intervenciones. De hecho, es remarcable el destacado trabajo de los solistas de la Orquesta Metropolitana a lo largo del concierto: José Gabriel Nunes (violín), Leticia Hernández (violonchelo), Gabriel López (piano) o Ana María Reyes (arpa). Fue una noche en la que nos sentimos flotar en atmósferas muy diversas, unas veces oscuras, y otras, luminosas; y escuchamos música plena de sugerencias, de fuertes contrastes, de sutiles matices, íntima, extrovertida, épica, emotiva…

 

Un proyecto en busca de nuevos apoyos

Disfrutaron tanto los primerizos en el género como los espectadores procedentes del mundo del videojuego, pues todos pudieron comprobar que las suites de concierto de estas bandas sonoras constituyen obras musicales con valor por sí mismas, que es gran música que merece reconocerse y escucharse fuera del ámbito de los videojuegos, igual que ha ocurrido con la música de cine. Para esta edición, se ha contado con el apoyo de AEVI, Asociación Española de Videojuegos, pero la continuidad de Playphonia necesitará sumar nuevos apoyos y patrocinios, que empresas, sean o no del sector de videojuegos, interesadas en el fomento y la divulgación de la cultura musical, se sumen a futuras ediciones. La suma de esfuerzos permitirá que, como en esta primera edición, el proyecto vaya más lejos de lo que es un simple programa de concierto, que amplíe su faceta pedagógica, que pueda contarse de nuevo con la implicación e ilusión de los compositores, con la realización y estreno de nuevas suites de concierto, con la programación de cursos dirigidos a compositores de videojuegos, etc.

 

 

El concierto: primera parte

El programa se inició con el estreno la suite para orquesta de cuerda que el compositor canadiense Olivier Derivière (París, 1978) preparó a partir de la música compuesta para Get Even, integrada por las piezas “Consequences” y “Broken Promise”. La música, según explica Rodríguez Cerdán en las notas al programa, tiene un carácter introspectivo y camerístico. Le siguió la música de la británica Jessica Curry (Liverpool, 1973) para el videojuego Eveybody’s Gone to the Rapture, una maravillosa cantata para coro y orquesta, bucólica y nostálgica, que se inició con un solo, originalmente destinado un niño, interpretado por la soprano del Coro Talía Beatriz Álvarez-Villamil. Extensos fragmentos del coro a capella, conectados con la tradición coral inglesa, se alternaban con bellos interludios orquestales.  

La primera parte finalizó con la música de la trilogía BioShock compuesta por Garry Schyman (Los Ángeles, 1954). Se estrenó un gran poema sinfónico en tres partes con el que Playphonia celebró el décimo aniversario de la primera entrega del videojuego, una obra definida por Rodríguez Cerdán como “una gran partitura concertante para violín, violonchelo, piano y orquesta”. Se trataba de una obra de gran dificultad técnica, plagada de disonancias y efectos inspirados en las vanguardias musicales del siglo pasado. Uno de sus momentos más llamativos fue la fantasía para piano y orquesta basada en la pieza para piano “Cohen’s Masterpiece”. Silvia Sanz Torre subió al escenario al compositor, Garry Schyman, que fue ovacionado por el público.

 

El concierto: segunda parte

También fue muy aplaudido Jon Hillman, al autor de la música de That Dragon, Cancer, un videojuego autobiográfico basado en la dolorosa experiencia vital de sus creadores, Amy y Ryan Green, que perdieron a su hijo con cinco años de edad después de una dura batalla con el cáncer que se le diagnosticó con solo doce meses. La pieza, dulce y conmovedora, cautiva por su simplicidad, desemboca en un breve pero intenso réquiem (“Exsurge Domine”) y finaliza con unos sencillos, espaciados y delicados motivos musicales del piano que atraparon la atención expectante del oyente hasta el momento en que se desvanecieron los últimos armónicos que flotaban en la sala.

La siguiente delicia fue la luminosa música de RiMe, del español David García Díaz (Vigo, 1979), con el estreno de la Suite nº 2 – Playphonia, que incluye temas adicionales a la primera suite estrenada en 2016 como, por ejemplo, The Song of the Sea. El compositor gallego, presente también en la Sala Sinfónica, fue igualmente ovacionado por el público. Volvió a sonar a continuación la música de Olivier Derivière con la impactante banda sonora de Remember Me y finalizó el concierto con la fantástica música Austin Wintory (Colorado, 1984) para el popular videojuego Assassins Creed Syndicate.

 

Música viva, compositores en activo

En definitiva, fue un concierto de música de hoy, que puede disfrutar todo tipo de público, el más y el menos entendido, música viva con la que conviven cada día miles de gamers, y que también ha de encontrar su espacio en las salas de conciertos. En redes sociales se ha repetido este mensaje: Playphonia necesita continuidad y los compositores merecen un reconocimiento en el ámbito de la creación musical y no solo en el mundo de los videojuegos. Los que ya conocían está música a través de sus ratos de ocio en las pantallas, lo pasaron bien, y los que no la conocían se sorprendieron gratamente. Para despedir la velada y, como bis, Orquesta Metropolitana y Coro Talía, junto a su directora titular Silvia Sanz Torre, interpretaron como bis otra creación de Austin Wintory, la pieza “Delphinus Delfhis” de la banda sonora del videojuego Abzû

 

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